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miércoles, 25 de febrero de 2015

La piel dormida


El cuerpo inmóvil, lacio, expuesto a la mirada del amante, debiera ser mi objeto de deseo. La piel desnuda y dormida, a merced de los dedos, tendría que ser motivo de lujuria. Tumbada sobre las sábanas debiera parecerme bella. Si fuera así viviríamos un momento sublime. Desdoblaría cada uno de sus pliegues, me detendría en el olor de sus axilas, de su pubis, exploraría con ansia el interior de su boca. 

Pero la muy puta mantiene un gesto extraño en el rostro. 

No debí matarla. No lentamente.

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Autora: Lydia Cotallo
Blog: Frida

lunes, 23 de febrero de 2015

Grandeza


Walker Evans. Subway passengers, New York (1938)

Con los años, fue cambiando de nombre a las estaciones. Para él ya no era Prosperidad, Sevilla, Delicias... sino: «El vestíbulo donde una muchacha sonrió al taquillero»; «El intercambiador del violinista que interpretó el Ave María arrancando lágrimas»; «La estación del solidario con una embarazada»…

Lo propondría en atención al cliente esa misma tarde: Coloquen en las paredes del Metro junto a los grabados de Goya, las cerámicas de Mingote, los poemas de Miguel Hernández... placas conmemorando esos fugaces instantes. ¿Acaso esos desconocidos no son también grandes?



Gema Bocardo©  

lunes, 16 de febrero de 2015

El retraso

En mi familia siempre hemos creído en mundos paralelos. Gracias a ellos sobrevivimos durante la Gran Recesión. Papá nos engañaba el hambre y la miseria con sucesos de personajes que vivían junto a nosotros pero a los que no podíamos ver. Todo un mundo imaginario que se colaba constantemente en nuestras vidas, se entremezclaba con ellas y nos protegía de la dura realidad. Si no había nada en la despensa era que nos habían saqueado los gnomos de las rocas, incapaces de cultivar sus propios alimentos. Si nos traía para comer alguna gallina escuálida que había robado, decía que era un obsequio del Rey Florián por algún servicio prestado. Si el tío Alberto había desaparecido, lo más seguro fusilado y enterrado en alguna cuneta, era que se había unido a las hordas del Gran Guerrero y estaba viviendo mil aventuras. Si volvía a casa después de dos días con un diente roto y magulladuras por todo el cuerpo era que los bandidos de la floresta le habían tendido una emboscada para hacerlo prisionero. Mi madre callaba y le dejaba hacer mientras cocinaba, lavaba con agua helada y remendaba una y otra vez los agujeros de nuestra ropa y de nuestros corazones. Un día de Nochebuena papá nos dijo que salía a buscar unos regalos y ya no volvió nunca más. Mamá, muerta de dolor, se sacó del estómago toda la podredumbre que había rumiado durante años y despotricó durante dos días con sus noches diciendo que papá había sido un soñador que no supo aprovechar ninguna oportunidad de la vida, un pusilánime, un iluso y un ingenuo incapaz de sacar adelante a su familia, y que él, y sus mundos paralelos, podían irse al infierno. A pesar de todo, nosotros siempre le hemos recordado con cariño. Hace una semana, después de cuarenta años, visitamos la destartalada casucha antes de venderla a una constructora y vimos aparecer a un hombre por el camino. Era papá. Vestía la misma ropa gastada con la que desapareció aquella Nochebuena, tenía el mismo aspecto de entonces y llevaba varios ostentosos paquetes debajo del brazo. Seguramente, el Rey Florián le había entretenido más de la cuenta con algún importante menester.

foto de Pilar Mariscal



Autor: Mar Horno (@Horno Mar)

jueves, 5 de febrero de 2015

Los niños y los hombres

Los niños sueñan a menudo que vuelan. Dan un pequeño salto y cuando están en el aire se impulsan con los brazos y las piernas. Como si nadaran. Son felices, sin conciencia de la gravedad. Se sienten pájaros, mariposas, hojas de árboles. Cuando se hacen hombres intentan hacer realidad su sueño. Inventan telas que planean, artefactos ultraligeros, enormes aviones que viajan muy rápido. Pero ya no es lo mismo. No vuelven a sentir la misma felicidad. A pesar de volar muy alto, no dejan de estar atados al suelo. Se sienten lastre, carga, peso. Si no fuese así, nadie distinguiría entonces a un hombre de un niño.

Foto Pilar Mariscal

Autor: Mar Horno (@HornoMar)
En su libro "Precipicios habitados"
(también en e-book)

jueves, 15 de enero de 2015

Desatadme, por Zeus

Fue estremecedor verlo intentar zafarse de las cuerdas. Con sus movimientos desesperados se dislocó un hombro y su cuerpo se cubrió de heridas sanguinolentas por el roce brutal de las sogas. Gritaba, o al menos eso creíamos nosotros, que nos había hecho poner cera en los oídos advertido por Circe, y sólo veíamos su boca cerrarse y abrirse como un pez que agonizaba. Estaba poseído, escupía espuma, nos miraba con los ojos desencajados y las venas del cuello hinchadas por la frustración y la ira. Se golpeaba la cabeza contra el mástil y se arrancó un trozo del labio enloquecido por la rabia de no poder soltarse. El canto fascinante de las mujeres pájaro, al pasar junto a la Isla de las Sirenas, zarandeó su cordura.
Cuando por fin dejamos atrás los arrecifes y la Isla quedó lejos en el horizonte, lo desatamos del palo mayor. Un Ulises roto cayó al suelo. Tenía mirada de loco, balbuceaba como un niño y se arrastraba como un animal acosado por la muerte. Deliró durante cuatro días y tres noches mientras nosotros curábamos con ungüentos las heridas del cuerpo. Él mismo, cuando se recuperó, se colocó el hombro en su sitio, en un embate contra el mástil donde estuvo amarrado. Nunca salió de su boca palabra alguna sobre lo sucedido. Repuesto el cuerpo pero herida el alma, cayó entonces en una postración extrema, en una apatía incomprensible para nosotros que lo habíamos visto luchar contra hombres, bestias y tormentas, como un héroe tocado por los dioses. La brisa del mar y el sol le devolvieron las fuerzas para luchar contra los monstruos Caribdis y Escila y aún tuvo arrojo para sobrevivir nueve días a la deriva en el mar y llegar a la isla de la ninfa Calipso. Cuando por fin, dejando atrás a los Feacios, llegó a Ítaca, el orgullo herido de marido puesto en entredicho lo aguijoneó para deshacerse de los jóvenes príncipes que acosaban a Penélope. Después pareció encontrar la paz junto a su esposa. Ahí acabaron las aventuras de Ulises.
Años después, demasiado achacoso para enrolarme como marinero, entré a trabajar de sirviente en la casa de Penélope y pude enterarme de que Ulises había zarpado hacía tiempo en un navío, dispuesto a estrellarse en los arrecifes de la Isla de las Sirenas, para encontrarse cara a cara con su obsesión, para buscar a su mujer ave, para hallar a Telxínoe y morir escuchando su canto prodigioso y maldito. Pero parece que no murió ahogado ni su cuerpo estrellado contra las rocas. Zeus, en un alarde casi irónico, y en honor a sus múltiples hazañas, se apiadó de él. Pero en vez de concederle a Telxínoe cuerpo de mujer y provocar la envidia de sus hermanas, lo convirtió a él en híbrido alado. Algunos rumores apócrifos apuntan a que vivió feliz y después de muchos años murió deleitado y arrullado por la dicción legendaria de su amor réprobo. Quizás feliz, sí, pero pájaro al fin y al cabo.

Foto de Piluka Mariscal


Autora: Mar Horno (@HornoMar)
Blog: Maremotos

lunes, 5 de enero de 2015

La Madera será carne y la carne, polvo


Quisiera tener varias sonrisas de recambio para ti, hijo—susurró Geppetto, mientras acariciaba con ternura las lágrimas que resbalaban por la cara del niño, —pero se me acaba el tiempo.
Pinocho asintió con tristeza y apretó con fuerza la mano callosa, hasta que tornó rígida como la madera y fría como la roca.


Lee Jeffries



Microrrelato finalista en el Certamen MarzoRelatos 2013 cuyo requisitos eran menos de cien palabras y que empezara con la frase «Quisiera tener varias sonrisas de recambio»
Gema Bocardo©    Blog Puentes y Muros

viernes, 2 de enero de 2015

Leyendas

En la quinta de las Siete Ciudades del Fin del Mundo, los barcos nunca llegan a puerto. Los marineros caen al agua durante la tormenta y se hunden como piedras. Luchan hasta que llegan al fondo, después se rinden y se dejan comer por los peces. Las osamentas limpias se aclimatan bien a la vida marina pero a veces algún esqueleto nostálgico se acerca hasta la costa y roba un niño. Pero todo eso son leyendas inventadas por los viejos pescadores. No para asustar a los chiquillos sino para explicar los numerosos huesecillos de manitas que se enganchan en las redes.

Foto de Pilar Mariscal

Escritora: Mar Horno (@HornoMar)
Blog Maremotos
"Precipicios habitados"

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Breve cuento de Año Nuevo


Nos encontramos en el pasillo que lleva al dormitorio y algo sucedió. No sé si en él fue la abertura de mi pijama entre los pechos, o que a mí me atravesó su mirada sugerente de «¿por qué no?». De repente estaba adherido a mi espalda y sentí su aliento cálido en la nuca, la humedad de su boca en el cuello, en los hombros, la irreverente presión entre las nalgas y esa forma única de volar que aprendimos a la vez. Sí, nos encontramos en el pasillo de un modo inhumano, lo sé, indigno en dos personas que están a punto de divorciarse.

Después de esto volver al salón fue volver a la realidad fría y meditada, una realidad de la que era imposible escapar y aun así, durante unos segundos, arrullados por el sonido de un televisor que nadie atendía, nos sostuvimos la mirada. Él me sonrió y dijo:

─ Marta, feliz año nuevo.

Le devolví la sonrisa y, sin más, continuamos nuestra tarea individual de repartirnos los recuerdos.

Autora: Lydia Cotallo
Blog: Frida

jueves, 25 de diciembre de 2014

La muerte en Navidad


Esa tarde Alfonso se preparó de manera especial. Se bañó y se puso sus mejores galas. 
Ya en la noche, sentado a la mesa, comió el pavo relleno que había cocinado su esposa, acompañado por las deliciosas guarniciones y una cervecita bien fría. Luego, tal cual la tradición, bebió la sidra, con pan dulce y frutas secas. 
Comenzó a sentirse extraño; el habla del resto de los comensales le llegaba como un murmullo. Entonces, se desplomó. 
El resto es muy raro: un gordo barbudo de Laponia, ataviado con ropas de abrigo rojas, lo llevaba en un trineo hacia las estrellas.

Autor: Luciano Doti
@Luciano_Doti
Blog personal: Letras de Luciano 

lunes, 22 de diciembre de 2014

Amén





Abrazaré tu alma con fuerza y la llevaré conmigo. Me serviste bien en vida y serás correspondido. ¿No gritabas arrepentido que merecías castigo? Cada golpe, cada insulto, cada lágrima, cada grito. El miedo que inspiraste en los ojos de tus hijos. La nausea cuando la violabas escudado tras tu anillo. Tu vida repetida, eternamente, en mi abismo.


Gema Bocardo ©
Blog Puentes y muros


De acuerdo al Centro de Ginebra para el Control Democrático de las Fuerzas Armadas (DCAF) entre 113 y 200 millones de mujeres desaparecen demográficamente por motivos diversos: aborto selectivo infanticidio femenino, falta de comida y atención médica, que se desvía hacia los miembros masculinos de la familia; los «asesinatos de honor» y las muertes de dote; tráfico de mujeres para su explotación sexual; violencia doméstica o de género, mediante la incineración del cuerpo o condena en vida de los viudas en la India.
Esto implica que cada año entre 1,5 y 3 millones de mujeres de toda edad son víctimas de la violencia de género. La falta de cuidados médicos implica el fallecimiento de 600 000 mujeres al año durante el parto. NO a la Violencia




jueves, 11 de diciembre de 2014

Julien Sorel y Ligeia



Julien Sorel había podido por fin alejarse de la casa paterna. Ese lugar no era el más adecuado para desarrollar su vida, junto a un padre autoritario y unos hermanos que lo maltrataban constántemente. Por otra parte, él era una persona de letras, no un carpintero como el resto de los hombres de su familia.
En el pueblo, había experimentado la pasión desbordante del amor con una mujer casada; mal casada con el hombre más rico de ese pueblo. Tal relación le había dejado una huella indeleble, y le condicionaba su vida sexo-afectiva; de allí en adelante se enamoraría de mujeres refinadas y más grandes.
Ya en París, esa relación, como así también un paso por el seminario, eran vagos recuerdos. Sin embargo, no pudo evitar sentirse atraído por una sofisticada dama que cierta tarde caminaba cerca de él dando un paseo. El misterio de su mirada lo cautivó. Utilizó las influencias de la familia para la cual trabajaba y se hizo invitar a una tertulia frecuentada por ella. Aunque tímido, fue decidido a seducirla.
Tras la presentación, supo que su nombre era Ligeia. La dama sonrió gustosa; como buena dominatriz, siempre había sentido predilección por los tímidos.

Autor: Luciano Doti - @Luciano_Doti
Blog personal: Letras de horror  

jueves, 4 de diciembre de 2014

Bestias


Cuando uno duerme en una cama de un lujoso piso en Manhattan, nunca se le pasará por la cabeza que pueda atacarle un león. Cuando uno duerme en el duro suelo de Tanzania protegiendo su cultivo para que le roben los monos, tampoco se le pasará por la cabeza que una arriesgada operación bursátil lo pueda dejar en la ruina. El de Manhattan, jamás se encontrará a su mujer devorada por leones cuando vuelva a su cabaña y en venganza, consiga matarratas, la impregne con él y espere a que las fieras vuelvan a por los restos. El de Tanzania, tampoco encenderá un ordenador, verá que lo ha perdido todo en una intrincada red especulativa y se tire por la ventana de un séptimo piso. La brutalidad de la vida es la misma. Las bestias, no.


Pilar Mariscal

Autora: Mar Horno  (@HornoMar)
Blog Maremotos
En su libro "Precipicios habitados"


lunes, 24 de noviembre de 2014

Todo




Dicen que el tiempo lo borra todo – le susurra al fiambre – Mi desfalco como contable. El despido. Tu cadáver. El tiempo y la lejía – asiente riendo mientras limpia la sangre.


Gema Bocardo ©  


jueves, 20 de noviembre de 2014

Perder la cabeza


Esa mañana llevé las mochilas al colegio dejando a los niños colgados en la percha. Expuse en la reunión de inversores una detallada lista de la compra olvidando mi informe en el imán del frigorífico. Paseé el paraguas mientras el perro dormía en casa. Y cuando me encontré haciendo el amor con el vecino del quinto mientras mi marido había ido a bajar la basura, supe, sin lugar a dudas, que había perdido la cabeza. La encontré después de unas semanas y aunque el médico logró cosérmela a pequeñas puntadas, nunca he vuelto a ser la misma. Ahora, para evitar cualquier olvido, la llevo siempre conmigo en una caja de sombreros junto a un papel bien doblado donde dice: nunca te casaste, no tienes hijos, llevas dos años en el paro y no vive nadie en el quinto.


Piluka Mariscal

Autora: Mar Horno @HornoMar
Blog Maremotos 

martes, 18 de noviembre de 2014

Si dices hasta nunca, que sea para siempre


No construyó su casa para vivir, sino para volver.Y mientras lo hacía, me encargué yo de regar cada uno de sus álbumes de fotos.

Cuando regresó, había pasado demasiado tiempo, y ninguna de aquellas instantáneas lo reconoció.

Muchas lloraron al verse manoseadas por un extraño que las miraba como pidiendo explicaciones, como si ellas fueran las responsables de su pasado.

No llegué a tiempo para impedirlo...

"Me salvaron las lágrimas, había llorado tanto que estaba empapada, por eso, cuando me tiró al fuego no ardí como las demás" me explicó una de mis fotografías favoritas, en la que yo salía con los ojos cerrados y él me mordía el cuello.

Nos vimos una sola vez más, él clavaba el cartel de "se vende".