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jueves, 26 de febrero de 2015

Vacío


La noche es el territorio de la libertad, una dimensión donde reina el libre albedrío. El silencio, un agujero negro en la oscuridad. Noche silenciosa, sólo el viento sopla en la ventana haciendo vibrar los vidrios de la misma. El viento suele ser un invitado habitual en este horario, o quizás también lo sea durante el día, es sólo que durante la noche es cuando prestamos más atención a estos sonidos. Sonidos que cuando niño nos resultaban aterradores, pero luego en la adolescencia se convirtieron en compañeros indivorciables de nuestras veladas. Compañeros de nuestros sueños despiertos, de nuestra ansiedad y desolación. A mí me resulta imposible imaginarme mi vida sin estos nocturnos desvaríos, sin la literatura que brota de lo profundo de la noche como torrente de agua que viene a regar un desierto.
Vacío, en la noche se siente el vacío, en la calma que se apodera de todo y que se encuentra en todo. El escritor esta al acecho. Va desgranando de su mente las letras que darán forma a su nueva creación. La hoja se va colmando de caracteres que germinan cual semillas, entonces el vacío ya no es tan vacío y el desierto luce un poco menos desierto.
¡Mentira!, es sólo un truco del artista, que ha hecho ver algo donde no hay nada. Se evapora la ilusión por su condición evanescente, y donde parecía haber algo, ahora ha quedado un hueco en el que se desarrolla un pensamiento. El caos diurno aguarda, vendrá del Este, mañana volverá la rutina. ¡Prisionero! ¡Atrapado en lo cotidiano! ¿Cuándo escapare de este estadío? Por suerte aún es de noche, y la luna me da libertad.
Al correr la cortina la luz de neón se filtra a través de la persiana americana. Quedan algunas horas antes de que el día le gane a la noche. ¿Y qué es la noche? Es uno sobre la cama escribiendo sobre un cuaderno. Son las horas consumidas sin apuro con la tele como único testigo y el volumen bajito para que no nos delate; para que los otros habitantes de la casa no se enteren que allí hay alguien que no duerme, que hace un culto del insomnio, que disfruta cada segundo de ese territorio, quizás el único que los hombres hemos sabido conquistar para nosotros. Es el horario que escapa al castigo divino de trabajar para ganarse el pan con el sudor de la frente. En la noche la manzana puede ser mordida sin culpas y sin reprimendas. Si no hay culpa no hay reprimenda, ya que esta última es sólo un estado de la mente a raíz de lo que hemos aprendido en la vida. Todo queda almacenado en la mente, aun cuando no pensamos en algo, ese algo forma parte de nuestra estructura mental y no nos abandona; a menos que uno se entregue a la libertad del arte y el sueño.
Hay una lombriz que cuando cae el sol se convierte en serpiente, y un gato que, bajo el influjo de la luna, se vuelve tigre. Son los desvaríos de un mismo ser. Andan por el jardín, parece que durante la noche alcanzan su mayor potencial; sino como se explica semejante transformación, de dos animales tan inofensivos en otros tan salvajes. No deja de llamarme la atención como desafían el peligro sin detenerse, son dignos de admiración. Fuertes, ágiles, tienen la contextura física de los seres que son libres, que no se detienen a pensar en esto o aquello. Sin esos prejuicios éticos y morales que aprendemos durante el día y nos oprimen. Entonces, la noche es un proceso de desaprendizaje, una ceremonia donde se rinde culto a la libertad. Uno es uno mismo sin presiones de ningún tipo, sin distinciones de jerarquías o clases sociales, porque estamos solos con nosotros mismos. Se trata de ser como los animales salvajes, sólo existen, la mente no les pesa, tienen su propio nirvana. Una vez que uno ha desaprendido todo lo que molesta, queda un espacio vacío, que se llena con lo que nosotros queremos. Eso dura lo que dura la noche. Cuando el sol comienza a despuntar, el tigre vuelve a ser gato, y la serpiente, ya como lombriz, se escabulle bajo la tierra en una actitud cobarde, justo en el mismo momento en que el escritor deja de soñar.

Autor: Luciano Doti / @Luciano_Doti
Blog: Letras de horror

jueves, 8 de enero de 2015

Fantasmas del Tuyú



Afuera oigo el murmullo del mar que me envuelve con su música. Pese a que hace poco que resido aquí, me voy acostumbrando a su presencia. El agua verde amarronada de la costa tiene pretensiones de azul allá en el fondo. El recuerdo de la ciudad se va diluyendo, tornándose menos añoranza que grata anécdota. El viento sopla y arremolina todo lo que halla a su paso; incluido lo subjetivo, el ayer y el hoy.
Muy cerca de la costa, de vez en cuando, unas embarcaciones se aproximan demasiado; algunas naufragan. Estamos muy cerca de la boca del embudo, la entrada al Plata. Las naves comercian con los saladeros del río-estuario.
Tuyú viene liderando un malón de los suyos; persiguen un grupo de ñandúes, hacia la zona de Ajó.
El cielo deviene plomizo, pesado. Amalgama de nubes cubre el cenit. El mar está bravo, lo oigo más. Las olas se quiebran en diferentes direcciones, hacen espuma, mucho viento. Vuela arena. Médanos de oro se sacuden el polvo hasta que el aguacero les cae encima.
Tuyú se ha percatado de que se aproxima una tormenta, y se fastidia porque la anciana no fue capaz de predecirla. Fue ese maldito retrato, dice para él. El huinca que los pintó les quitó su esencia, en el retrato quedaron sus poderes; ahora vagarán por la pampa a la deriva, sin la protección de su parte mística. Con el mar tan picado no da para pescar ni una corvina, así que los ñandúes son la única opción para una comida decente. Hay que apurarse, la arena que vuela desde los médanos se les mete en los ojos. Lagrimeando, uno de los indios bolea uno de esas aves, pura zancada y aleteo estéril.
Una carreta que se dirige a la estancia San Bernardo se detiene en el Jagüel del Medio; los caballos fueron exigidos de más para ganarle al temporal, al menos allí tendrán agua fresca.
Ahora llueve de manera torrencial. Yo estoy adentro, los sonidos me invaden. Además, experimento la sensación de estar viviendo un no-tiempo, como si hubiera caído en una suerte de agujero negro donde todo lo acontecido se mezcla por una fuerza centrípeta.
La oscuridad comienza a vencer su partida contra el día, prendo la hornalla y pongo la pava al fuego.
El ñandú será su cena. Los indios comienzan a pelar el animal y hacen una fogata.
Una nave británica se sacude en el mar embravecido. El capitán del Her Royal Highness se percata de que no lo lograrán. Por el oleaje y el fuego que se ve a lo lejos deduce que la costa está próxima.
Me cebo un mate espumoso, su espuma me recuerda la del mar. Pienso en los marinos del Royal, buscando desesperados una madera a la cual aferrarse; nadando hacia la orilla unos, expirando otros. No hay duda de que a esta zona la habitan fantasmas; me voy acostumbrando a ellos, como a la música que llega desde el mar. 

Autor: Luciano Doti
@Luciano_Doti
Blog: Letras de horror

martes, 16 de diciembre de 2014

Amor a primer tacto



"No puedo dormir sin peso", le dije.

Y él me dio 59 kilos y medio de razones para soñar.

También un puñado de balas perdidas

que había ido encontrando en sábanas abandonadas

Y con las que aseguraba podría matar

a todos mis "no-puedo"


Dormir con él, era resucitar al tiempo

y sentir su piel con la mía

mucho mejor que recordarla contra la de cualquiera,

cada despertar, una corona de espinas

con la que reinaba en nuestro castillo de arena

y todas mis cartas de despedida,

trocitos rotos de un futuro epitafio.


“No tuve tiempo a leerlo” siempre decía.

Y yo me culpaba

como se culpa una madre

que ha comprado con sus últimos dos euros

un cromo repetido.


Después, cogía sus baquetas

y yo perdía mis razones

entre los ritmos con los que me marcaba el corazón

o la cabeza, no lo tengo claro

porque siempre me hacía confundirlos.


Hoy hace exactamente 1 año y 138 poemas

que ambos se pararon y no nos vemos

y a pesar de que me siga escribiendo a diario

como si yo fuera el suyo

sigo teniendo esa sensación absurda de creer que funcionaría.


Pese a que no lo quise, ni lo quiero

y sé que tampoco lo querré

pero estoy lejos, muy lejos de soportar que él sienta lo mismo.



Autora: Isa Rguez (@Dias_Impares)




lunes, 15 de diciembre de 2014

Volver a Empezar

A lo largo de nuestra vida, comenzamos una ingente cantidad de pequeños y grandes proyectos, con distinta ilusión y entusiasmo. También, como no podría ser de otra manera, una gran parte de dichos proyectos, por diferentes razones, tocan a su fin.

Algunos puntos y finales los ponemos nosotros y el resto, nos los pone la vida... ¿Hablamos de ellos?...

Cuando las cosas no salen como esperábamos, el desasosiego suele salir a nuestro encuentro, tratando de convencernos vilmente de nuestro fracaso, de nuestra pérdida de tiempo sin obtener rédito alguno.

Si levantamos la cabeza en nuestro aturdimiento, tratando de mirar hacia nuestro provenir, es habitual percibir que estamos otra vez en el punto de partida, sentir que tenemos que volver a empezar.

Volvemos a empezar, pero en distinto lugar… La experiencia, tiene la culpa. A cada paso que damos, tenemos más información (otra cosa es que seamos conscientes de ello) que en el paso anterior. Siempre es así, sin excepciones, por ese terquedad del tiempo en moverse, al menos en nuestra dimensión, en un único sentido.

Somos distintos a cuando comenzamos la andadura. Pero lejos de gestionar los hechos con el adecuado distanciamiento, hemos de bregar contra la feroz inercia de nuestras creencias y contra las emociones que estas desencadenan.

Volver a empezar es imprescindible para enterrar la amenaza del fracaso y afrontar con dignidad y entusiasmo el trecho que nos queda por recorrer. Debemos mirar obstinadamente hacia delante, evitando el victimismo, la culpa, el rencor...

Recuerdo haber leído en algún lugar: "No es el tiempo el que cura las heridas... Eres tú quien se cura a si mismo, a través del tiempo".

Quizá ninguna otra cosa nos acerque tanto a la plena realización como la liberación de nuestra colosal fuerza creadora y empezar de nuevo, expresando nuestra verdad, es la oportunidad perfecta para ello.

Crear es empezar; volver a empezar. Como la misma vida.

Empezar Camino Oratorux

Autor: @oratorux
Blog: Oratorux

martes, 18 de noviembre de 2014

Si dices hasta nunca, que sea para siempre


No construyó su casa para vivir, sino para volver.Y mientras lo hacía, me encargué yo de regar cada uno de sus álbumes de fotos.

Cuando regresó, había pasado demasiado tiempo, y ninguna de aquellas instantáneas lo reconoció.

Muchas lloraron al verse manoseadas por un extraño que las miraba como pidiendo explicaciones, como si ellas fueran las responsables de su pasado.

No llegué a tiempo para impedirlo...

"Me salvaron las lágrimas, había llorado tanto que estaba empapada, por eso, cuando me tiró al fuego no ardí como las demás" me explicó una de mis fotografías favoritas, en la que yo salía con los ojos cerrados y él me mordía el cuello.

Nos vimos una sola vez más, él clavaba el cartel de "se vende".