domingo, 12 de abril de 2015

Muerte del poema

No hay casualidad que os sitúe frente a frente,
ni más saludo que arrebatar la boca al viento.
Tatuar tus uñas en su espalda.
Que dibuje con saliva tu sexo
indeleble al agua, al tiempo.
Devoraros y después, al escupir los huesos,
dar forma a la piel para empezar de nuevo.
No hay casualidad.
No hay causa.
Solamente el deseo.

Dolores Leis Parra ©



sábado, 11 de abril de 2015

Intimidades

Ya conoces
todos los rincones de la casa;
la habitas palpitante
excitando las paredes;
jadeas de dolor,
de amor y de sorpresas.

Tú sabes que hemos puesto
los muebles en mudanza,
las lámparas de hastío,
el alfiler de gancho
donde prendimos los recuerdos originales;
las riendas más húmedas del disfraz,
las hojas amarillas
de los primeros días.

Y aún caminas conmigo
en el desvelo abierto de mis dudas
bajo el mismo aguacero en las noches difíciles.

Avizoras furioso
los espejos pretéritos
donde tú y yo exhalamos
la imagen milagrosa de aquellos comediantes
bailando en plenitud.

Corazón,
tú ya entiendes los resquicios absolutos
de mis límites.

Ignora este delirio
de puertas y de oasis.

Hay frío afuera.

                                                   
©Teresa Palazzo Conti


viernes, 10 de abril de 2015

Mujer



Cuántos cielos en tus miradas....
cuántos mares en tu boca...
cuántos destinos en tu geografía
cuántas estaciones corpóreas.


Verónica Nagore ©

domingo, 22 de marzo de 2015

Libro recomendado: "Precipicios habitados" de Mar Horno.

La Asociacion Multicultural 'El Arte Eres Tú' recomienda leer "Precipicios habitados" de Mar Horno. 

Los micros de Mar Horno tienen una doble naturaleza muy atractiva. Por un lado, son corrientes, como la vida misma. Por otro, instalan en esa cotidianidad la sorpresa, la perversión y hasta el milagro. Me gustaría definirlos como artilugios literarios de alta precisión cuyo mecanismo, siempre bien aceitado, nos lleva de asombro en asombro, de revelación en revelación. El lector, entre admirado e inquieto, va recorriendo una serie de dilemas que, en principio, parecen absurdos. Qué pasaría, por ejemplo, si una niña se convierte en lepidóptero, si los sueños imposibles se pueden cazar, si en el campo crecen cuchillos silvestres, si alguien tiene viento en la cabeza. Pero el valor de estos textos reside en que no se trata de juegos fortuitos de imaginación sino del despliegue de un pensamiento inteligente que, a través de poderosas imágenes, nos contagia su perplejidad (Clara Obligado).

 Podéis adquirirlo a través de los siguientes enlaces:
-"Precipicios habitados" en La casa del libro.
-"Precipicios habitados" en Amazon.


Tampoco os olvidéis de seguirla en Twitter, @Hornomar y visitar su blog, marhorno.blogspot.com

martes, 3 de marzo de 2015

Dile.

Dile que tus caderas son mías
que los miedos del pelo
me he propuesto
quitártelos
yo.

Cuéntale
que de poder ser cualquier cosa
serías todas las ausencias
que me cuelgan
de las pestañas;

que de poder elegir
dónde
morirías
en mis costillas;

que de salidas de emergencia
igual no entiendes
pero que de entradas
ya te hablan mis piernas.

Dile que tu película favorita
siempre ha sido
mirar la cara que pongo
mientras vemos la mía;

que cuando escuchas hablar
de momentos
sueñas estar conmigo
y en mi.

Cuéntale
que te tapas la cara
cuando lloras
por cobarde;

que no sabes cómo
ni cuándo
pero he pasado
y me echas de menos.

Dile que las mariposas
están sobrevaloradas,
que a los gigantes de tu estómago
los he puesto en guerra
yo.

Cuéntale que he luchado
conmigo misma
para no gritar
que eres lo peor
que me ha pasado en la vida;

que nuestro infinito
duro más
de lo que debería
y menos
de lo que te hubiese gustado;

que teníamos
los días contados
pero contábamos
con nuestros besos.

Dile que no has robado pestañas
a nadie
para soplar tus deseos
que de eso
ya me encargaba yo.

Cuéntale
que si hay una diosa
en tu pecho
tiene mi risa;

que no te he salvado la vida
te he salvado la muerte.

Y cuándo te recuerde
que me fui
dile
que en realidad lo hice
porque ya no sabía
cómo quedarme;

que como yo
no va a olvidarte
nadie.



Autor: Paula García
Tw: @corazoncoraza__

jueves, 26 de febrero de 2015

Vacío


La noche es el territorio de la libertad, una dimensión donde reina el libre albedrío. El silencio, un agujero negro en la oscuridad. Noche silenciosa, sólo el viento sopla en la ventana haciendo vibrar los vidrios de la misma. El viento suele ser un invitado habitual en este horario, o quizás también lo sea durante el día, es sólo que durante la noche es cuando prestamos más atención a estos sonidos. Sonidos que cuando niño nos resultaban aterradores, pero luego en la adolescencia se convirtieron en compañeros indivorciables de nuestras veladas. Compañeros de nuestros sueños despiertos, de nuestra ansiedad y desolación. A mí me resulta imposible imaginarme mi vida sin estos nocturnos desvaríos, sin la literatura que brota de lo profundo de la noche como torrente de agua que viene a regar un desierto.
Vacío, en la noche se siente el vacío, en la calma que se apodera de todo y que se encuentra en todo. El escritor esta al acecho. Va desgranando de su mente las letras que darán forma a su nueva creación. La hoja se va colmando de caracteres que germinan cual semillas, entonces el vacío ya no es tan vacío y el desierto luce un poco menos desierto.
¡Mentira!, es sólo un truco del artista, que ha hecho ver algo donde no hay nada. Se evapora la ilusión por su condición evanescente, y donde parecía haber algo, ahora ha quedado un hueco en el que se desarrolla un pensamiento. El caos diurno aguarda, vendrá del Este, mañana volverá la rutina. ¡Prisionero! ¡Atrapado en lo cotidiano! ¿Cuándo escapare de este estadío? Por suerte aún es de noche, y la luna me da libertad.
Al correr la cortina la luz de neón se filtra a través de la persiana americana. Quedan algunas horas antes de que el día le gane a la noche. ¿Y qué es la noche? Es uno sobre la cama escribiendo sobre un cuaderno. Son las horas consumidas sin apuro con la tele como único testigo y el volumen bajito para que no nos delate; para que los otros habitantes de la casa no se enteren que allí hay alguien que no duerme, que hace un culto del insomnio, que disfruta cada segundo de ese territorio, quizás el único que los hombres hemos sabido conquistar para nosotros. Es el horario que escapa al castigo divino de trabajar para ganarse el pan con el sudor de la frente. En la noche la manzana puede ser mordida sin culpas y sin reprimendas. Si no hay culpa no hay reprimenda, ya que esta última es sólo un estado de la mente a raíz de lo que hemos aprendido en la vida. Todo queda almacenado en la mente, aun cuando no pensamos en algo, ese algo forma parte de nuestra estructura mental y no nos abandona; a menos que uno se entregue a la libertad del arte y el sueño.
Hay una lombriz que cuando cae el sol se convierte en serpiente, y un gato que, bajo el influjo de la luna, se vuelve tigre. Son los desvaríos de un mismo ser. Andan por el jardín, parece que durante la noche alcanzan su mayor potencial; sino como se explica semejante transformación, de dos animales tan inofensivos en otros tan salvajes. No deja de llamarme la atención como desafían el peligro sin detenerse, son dignos de admiración. Fuertes, ágiles, tienen la contextura física de los seres que son libres, que no se detienen a pensar en esto o aquello. Sin esos prejuicios éticos y morales que aprendemos durante el día y nos oprimen. Entonces, la noche es un proceso de desaprendizaje, una ceremonia donde se rinde culto a la libertad. Uno es uno mismo sin presiones de ningún tipo, sin distinciones de jerarquías o clases sociales, porque estamos solos con nosotros mismos. Se trata de ser como los animales salvajes, sólo existen, la mente no les pesa, tienen su propio nirvana. Una vez que uno ha desaprendido todo lo que molesta, queda un espacio vacío, que se llena con lo que nosotros queremos. Eso dura lo que dura la noche. Cuando el sol comienza a despuntar, el tigre vuelve a ser gato, y la serpiente, ya como lombriz, se escabulle bajo la tierra en una actitud cobarde, justo en el mismo momento en que el escritor deja de soñar.

Autor: Luciano Doti / @Luciano_Doti
Blog: Letras de horror

miércoles, 25 de febrero de 2015

La piel dormida


El cuerpo inmóvil, lacio, expuesto a la mirada del amante, debiera ser mi objeto de deseo. La piel desnuda y dormida, a merced de los dedos, tendría que ser motivo de lujuria. Tumbada sobre las sábanas debiera parecerme bella. Si fuera así viviríamos un momento sublime. Desdoblaría cada uno de sus pliegues, me detendría en el olor de sus axilas, de su pubis, exploraría con ansia el interior de su boca. 

Pero la muy puta mantiene un gesto extraño en el rostro. 

No debí matarla. No lentamente.

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Autora: Lydia Cotallo
Blog: Frida