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domingo, 24 de mayo de 2015

Obituario



En el cuarto del hospital -medito- miro el techo
blanco, poblado por un mísero foco, de luz amarillenta, pienso,

decepcionada, matando el tiempo
y en la cama de blancas sábanas
dibujo pensamientos
que viajan a otros tiempos

de carne débil y enfermiza, ni la sombra del pasado
la que siento
doliente hasta los huesos,
la piel como pergamino viejo
y el dolor que nubla la conciencia,
estrangula la esperanza; desintegra,
y mi alma se quiebra en mudo grito:

las penas rebosantes en los recuerdos
el arrepentimiento que ronda y se mezcla, abandonada,
y la vida y el amor y el pasado
ya parecen un cuento
digno de ser contado a los ingenuos
mezcla irónica,
emborracha al espíritu
a la hora de rendir cuentas
y de extraños sortilegios te pasa
y la vida como la mona
y el doctor apurado, escurridizo,
y el sentirme bien por ningún lado

debes hacer el tratamiento dijo persuasivo
antes de desaparecer
dejando el halo de su sonrisa dibujada
y su guardapolvo blanco
inmaculado
y los dolores no aflojan
y el corazón: ya no más
desgarrado
y los pasos de las enfermeras
rasgan la alfombra
y las pastillas de tantos colores
aturden mis ojos asustados
y el dolor que sigue a mi lado
¡como amante del brazo
caminando rumbo a su cuarto
de ida y vuelta, cientos de veces!

nadie recuerda
la mujer de pasado gris
que fui yo
que yo fui
pienso en el exilio
de los últimos años
y qué mala suerte:
soledad
tristeza,
de la vida
nada,
ni amor
ni sexo
ni vino
ni el humo del cigarrillo,
para nublar
el llanto

¡mi vida en el claustro!

como comprando el boleto
para entrar al cielo
o al infierno
y nadie sabe
por qué,
esta espera en la cama
del obituario de mañana
y esta cabeza despoblada
de cabellos que jueguen con el viento

sigo recostada y pienso.



Poema del libro “Sin óbolos para Caronte”

Ruth Ana López Calderón


jueves, 16 de abril de 2015

Delicados lienzos




Temblorosas recorren los caminos del deseo
envuelto en delicados lienzos, las manos,
el corazón raudo,
los poros destilan placer
Y el miedo
Y la vergüenza contemplan arrimados,
un poco cerca, un poco lejos,
la danza ondulante del camino
-más fuerte el hambre-
de la piel olvidada, sin alimento
los dedos gentiles, traviesos
juegan lugares prohibidos,
sedientos de gozo,
despiertos e insaciables

recodos

la imaginación colgada
los harapos del recuerdo,
donde uno que otro rostro,
donde uno que otro suspiro
deambulan pródigos de caricias dormidas
en el lecho de lo cierto poco

la gula emerge impúdica
labios rosas, afloran
humedades crecientes en el calor sonrojadas
y las sensaciones luchan
y la resistencia desvanece
como el gemido de éxtasis,
de dolor y de culpa.

El desahogo vacío de afectos,
resbala la entrepierna despojada.


Poema del libro “DESDE LAS PROFUNDIDADES”


Ruth Ana López Calderón