domingo, 31 de julio de 2016

Entrevista a la escritora Pau Albert: LOS LUNES QUE NO TE LLEVASTE

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.    ¿Qué sientes al tener más de 14.000 seguidores en Twitter, al recitar tus poemas ante tantas personas, al irte de gira…? ¿Podrías decir que has hecho realidad un sueño?

Es mucho más de lo que nunca pude imaginar.
Supongo que cuando todo esto crece tan rápido te cuesta parar a ratos a verlo crecer, así que creo que es ahora cuando estoy parando un poco a verlo desde fuera y es maravilloso donde estoy.
Si dijera otra cosa mentiría.
Creo que esta siendo un sueño de esos que vuelves a cerrar los ojos por la mañana para que el día no empiece aún y se quede contigo y tú con él.





2.    ¿Qué es lo que le lleva a una persona a escribir poesía? ¿Es una forma de sanarse de los problemas?

Para mí, es la FORMA.
No entiendo de otra manera de sanarme que no sea escribiendo, es salvador.
La manera más sincera que tengo de sanarme por dentro mientras lo lanzo al mundo y consigo salvar a alguien más, aunque eso ya forma parte de un regalo, supongo que el mejor de todo esto.
Quién cree en la poesía como forma de salvarse sabe de lo que hablo.
Somos muchos los que a día de hoy formamos parte del viaje y es genial viajar juntos.



3.    El lunes es el día de la semana que casi todos odiamos. ¿Qué significado tiene para ti? ¿Por qué lo elegiste para el título del libro?

Ay los lunes ;)
Qué seria de mí a día de hoy sin ellos.
El lunes durante un periodo de tiempo de mi vida fue mi único salvavidas, el día de la semana que me “obligaba” a parar para construir mis emociones, ponerlas nombre y escribirlas.

De ahí, de esos momentos salió “Los lunes que no te llevaste”, de la huida hacia uno mismo después de que la vida se diera la vuelta y tú tuvieras que salvarte de esa vuelta.
Y menos mal que pasó eso.




4.    Has publicado con la editorial Neopatria. ¿Fue la propia editorial la que te ofreció publicar? ¿Cómo fue el momento?

Así fue.
El pasado verano mientras iba en un barco de vuelta de Formentera, el día de mi treinta cumpleaños, recibí la noticia de que me querían publicar el libro –previamente me habían contactado para que se lo mandara-, así que os podéis imaginar lo que sentí en ese momento y todas las emociones que me envolvieron.
Fue el viaje de vuelta más bonito que viví jamás.





5.    Hoy en día hay mucha gente, sobre todo jóvenes, que escriben y sueñan con publicar un libro. ¿Cómo ves el tema de la publicación en España?

Creo que a día de hoy hay básicamente dos opciones para hacerlo; una es esperar a que alguien llegue a ti, y otra auto-publicarte y buscar tu distribución.
No es fácil, quien dice que lo es, en mi opinión, miente.
A día de hoy somos muchos escribiendo y tienes que tener mucha fuerza y tenerlo muy claro para seguir en el camino de una manera firme.
Se valora mucho la constancia y llegar a la gente de una manera REAL, hay mucha mentira disfrazada y los lectores no son tontos.



6.    Muchos de estos jóvenes que decía escriben en internet (redes sociales en gran medida) de forma que todo el mundo pueda leerlo y disfrutar de ello. Entonces, ¿crees que ahora hay más oportunidades de que alguien descubra su talento? ¿Fue internet importante para ti y para tu fama?
Las redes sociales con un escaparate increíble ahora mismo.
Te dan una facilidad asombrosa a la hora de transmitir lo que sientes a quien te lee, pero como te decía antes creo ya no vale todo.
Quien siente de verdad lo que escribe llega, o al menos yo lo veo así.
Para mi ha sido muy importante porque al principio sólo me leía mi familia y amigos y ahora mismo llego a muchas más personas de las que imagino, pero es precioso, que alguien que no te conoce de nada te diga que has salvado su día por algo que has compartido.
A mí aun me cuesta creerlo y espero que me cueste siempre.



7.    No obstante, la poesía actual recibe muchas críticas debido al uso de un lenguaje simple y cotidiano, como si la poesía tuviera que ser obligatoriamente difícil. Dime, ¿cuándo alguien puede considerarse poeta? ¿Estás de acuerdo con estas críticas?

Es cierto que existe ahora mismo una discusión entre lo que significa ser poeta o escribir poesía y lo que no.
En mi opinión, los términos cambian y la vida con ellos o al revés.
La poesía está en una continua transformación y eso es lo bonito, el movimiento, siempre el movimiento.
Para mí no hace falta para ser poeta escribir unos versos determinados, un vocabulario complejo y unas rimas obligatorias, tengo a compañeros/as que lo hacen y otros que no.
Para mí escribe poesía la persona que sabe transmitir un sentimiento o emoción de una manera que traspasa la piel y para ello como todo lo relativo a ella, no hay reglas.

Y lo bonito es que no las haya.





Puedes seguir a Pau Albert en Twitter, Instagram y Facebook. Allí encontrarás, tanto sus poemas, como información sobre la forma de conseguir su libro o fechas de sus recitales.


Entrevista realizada por Raquel Gómez para Asociación Multicultural 'El Arte Eres Tú'.

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martes, 17 de mayo de 2016

Respiraba paz…



Respiraba paz…
Escribía lo que no decía
Amaba sin miedo
Hasta que empecé a tener pesadillas
Ahora soy un mísero cobarde
Cobijado en la única luz encendida
Esperando hasta tarde que llame.

No quiero meterme en la cama
Si no me arropan tus piernas
Si no me desnudas como solías
Hoy el cigarro me dura más
Que una conversación contigo
Basada en saludar
Y continuar con mi camino
Paralelo al tuyo…
Ya nunca más nos cruzaremos.

Cuéntale a ese capullo
Cómo gemías conmigo
Cuéntale todo y no lo maquilles
Sobrepasábamos los decibelios permitidos
Vivíamos limitados a no tener límites.

Guardo silencio
Sumergido y perdido
En mis recuerdos
En las canciones que te he escrito.


Autor: Luis Zirho

miércoles, 11 de mayo de 2016

Contigo

Cómo explicar
que cada vez
que huelo tu perfume
me doy la vuelta,
que sueño
con rozar tu pelo
con besarte otra vez.

Cómo explicar
que me bastó una visita al cielo
al ritmo de tus caderas
para saber,
que únicamente quería volver,
si era contigo.

Cómo explicar
que quiero follarte
hasta el alma,
que de vez en cuando
me hago el ciego
para leer tu cuerpo
en braille
sin
parar.

Cómo explicar
que puedo pasar toda la vida escribiendo(te) este poema.

Cómo explicar
que deseo
que olvides la palabra 'miedo'
y te tatúes la palabra
'disfrutar' junto la palabra 'conmigo'.

Cómo explicar
que muero un poquito
cada día por las ganas de verte.

Cómo explicar
que no entiendo
como otros hombres
han trepado
tus cordilleras
y no han querido vivir allí.

Cómo explicar
que quiero exigir
una orden de acercamiento
que nos prohíba estar a más
de dos centímetros de distancia.

Cómo explicar
que quiero ver tus braguitas
en mi cama,
que quiero girarme
en mitad de la noche
y que tú,
estés
ahí.

Cómo explicar
que no sé cuándo te quiero más,
si cuando follas
o cuando duermes en mi pecho, buscando un lugar donde vivir.

Cómo explicar
que quiero comerme el mundo.
Contigo.


lunes, 21 de septiembre de 2015

Pisar hojas amarillas

“¿Sabe una mirada que es deseo de alguien? ¿Saben unos labios que otros quieren rozarlos con un beso? ¿Acaso sabe una caricia que es el fuego de una piel que se estremece? En estas ganas estoy rendida sabiéndote lejos. Añora mi cuerpo la llama que se enciende cada vez que te imagina dentro. Morir por la espera, morir lentamente, morir pensándote…”

La mujer leía aquella novela, miraba de vez en cuando la televisión y de cuando en vez, observaba el pecho de su marido, que subía y bajaba a ritmo descompasado. Pasaba la tarde, monótona, entre lectura, película y ronquidos de aquel hombre ya entrado en años, calvo y con un cuerpo deformado por los kilos y los años. Ella continuó  la lectura y apagó el televisor y en ese momento, el hombre se despertó. Miró a su esposa y sonrió.

– Ronco mucho, ¿verdad?

– Un poquito.

– Lo siento…

– Debería estar acostumbrada, pero a este soniquete no se acostumbra una nunca. Pareces un tren llegando a la estación…

– Mi estación está aquí, contigo, por eso ronco así.

La  mujer lo miró y con su mano acarició la cara del  hombre.

– ¿Qué lees? -preguntó él, poniendo su mano en la mano de ella y reteniendo así su caricia.

– Una novela romántica… ¿Me das un beso?- dijo ella de pronto.

– Y mil.

La mujer apretó su boca  contra la del hombre y después perdió su cabeza en el pecho de éste.

– Aun con ronquidos, te quiero.- comentó mientras escuchaba los latidos de su corazón- Quiero leerte algo.

– Como quieras pero yo creía que ahora venía… Es lo que viene cuando hundes tu cabeza en mi pecho.

– Después de que te lea esto.- Sonrió la mujer.

“Todo mi ser sueña con hojas amarillas y con el sonido de esas hojas crujiendo bajo nuestros pies, cuando aún estabas conmigo esos otoños que olían a lluvia. Toda yo imagina tu piel pegada a la mía, la humedad de tu boca regando mis besos y nuestra mirada contemplando los soles de primavera. Recuerdo la arena bajo nuestros pies descalzos, mojándose en el agua del mar y las olas bañando nuestros cuerpos. Los copos de nieve sobre el alfeizar de la ventana, los cristales empañados, la chimenea, nosotros… Tú dentro de mí, yo dentro de ti. Los dos, ambos… Ya no estás, te fuiste, te perdí, te añoré, te lloré. No te olvido y donde quiera que estés, volveré algún día a sentir todo aquello que sentí a tu lado. Pues cuando te despediste me prometiste que ocurriría, que un día volveríamos a estar juntos. Y ahora veo las hojas amarillas, la lluvia, el sol, la arena, el mar, los cristales empañados, la nieve, el vaho, la chimenea… Te veo a ti. Todos y cada uno de los días que pasan, estás en mí. Y te espero, te espero, te espero…”

– Es muy triste.

– Es hermoso- contestó ella-. Ahora sí, ven.

– Tú no me tienes que esperar nunca.

– Lo sé. Tú siempre estás a mi lado y por eso te quiero.

– ¿Aunque  no hayamos pisado jamás hojas amarillas juntos?


– Siempre hay tiempo si hay ganas de pisarlas…



Autora: Aída del pozo

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martes, 1 de septiembre de 2015

Cantantes zombies


 Amo el “Soul”. Para disfrutar del género compré un tocadiscos en una subasta, un antiguo Westinghouse propiedad de Eric Wilson. Eric fue un cantante de cierta relevancia en los años setenta, pero devorado por las deudas acabó de segundón haciendo coros a la sombra de viejas estrellas como, James Brown, Eva Cassidy, Ray Charles, Ella Fitzgerald, o Curtis Mayfield. Nada más llegar a casa estrené el aparato de Eric Wilson con un vinilo de Nina Simone. A los dos días, las manos putrefactas de Nina llamaron a mi puerta. Le colgaba el ojo izquierdo. Se le veía el cráneo. Le faltaba un brazo. Su piel, verdosa. Conservaba algunos dientes y tenía las tripas fuera. Olía a pepinillos en vinagre caducados. Una zombi. Educada, pero zombi. Había salido de su tumba para venir a verme. No me fiaba. Cogí el atizador de la chimenea y le arranqué el brazo que le quedaba de un golpe. La encerré en el cobertizo de mi granja. Su voz había perdido algo de timbre, pero aún era capaz de llegar a las tres octavas y yo soy un fetichista. ¡Tenía el cadáver de Nina Simone en casa! Emocionado por mi hallazgo puse otro disco, esta vez de Otis Redding. Otis intentó entrar rompiéndome una ventana, pero le estaba esperando con mi escopeta de caza. Le volé las piernas a tiros. Tenía un agujero en el estómago provocado por el accidente de avión en el que murió, por lo que su caja de resonancia estaba algo tocada, aunque lo planté sobre la mesa (no tenía piernas, claro) y se marcó unos dúos impresionantes con Nina. Y así pasaron los días, entre zombi y zombi. Llené mi cobertizo de cantantes muertos que venían a mi casa desde todos los puntos del país cada vez que ponía un vinilo en mi tocadiscos. Conseguí domarlos. Me daban conciertos en el salón. Allí no cabía ya ni un alma. Decidí poner el disco de algún autor vivo, a ver qué pasaba. Cogí uno de Eric Wilson, el antiguo propietario del tocadiscos Westinghouse. Debía vivir cerca, porque nada más sonaron los primeros compases, llamó a la puerta con la mirada perdida. Una de mis zombis, Ella Fitzgerald, pareció reconocerlo. Se echó sobre él y le arrancó un trozo de cuello de un bocado. El resto del grupo se acercó al banquete y tuve que asustarles con un soplete para que se alejaran. Es una pena. Eric ya no canta igual, pero tiene buenos bajos. Lo he encadenado junto al tocadiscos. Durante unos días él será el solista. Las estrellas le harán los coros.


Autor: Manu Espada,

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Entrevista al pintor Antonio Tapia: historias dentro de una historia



 «La necesidad de contar algo es como un rumor intenso en el alma»





Su nombre es Antonio Luis Martínez Tapia aunque firma como Antonio Tapia desde que, en 1999, decidió que lo que llenaba su vida era la pintura. Renunció a la relativa seguridad de un trabajo fijo y se dedicó a perseguir su sueño en cuerpo y alma. Éste ha crecido y no sólo pinta, también imparte seminarios y talleres sobre dibujo y pintura en la Comunidad Autónoma de Murcia. Su primera exposición individual, llamada Espacios de Luz, fue presentada en el 2000, apenas un año después de su nuevo bautismo.  La última,  Guardianes de sueños,  se agrupa en cinco temáticas: Duermevela, Obsesión, Pesadilla, Ensueño y Libertad. Es un hermoso cuento narrado a través de cuadros de hiperrealismo mágico, repletos de significado.
«…Desde niños, cuando nuestra mente es de modelable arcilla, nos preparan para vivir dentro de la sociedad. No nos preparan para conocer la estructura, sino para ser una pieza; y la mejor forma es a través de los elementos de juego. Guardianes de sueños plantea la relación entre el niño y el juguete como icono alegre interpuesto entre la realidad futura y la fantasía, como elemento de personalización a través del cual el niño asume como naturales líneas de pensamiento preestablecidas, y que al final conformarán su personalidad y sus actos. Es éste un proyecto basado en juguetes tales como playmobil, madelmans, vaqueros, piratas o soldados, iconos que suponen un recuerdo agradable de la infancia y sirven para prepararnos en el gran juego de la vida…»


1º ¿En qué momento decidiste dedicarte en cuerpo y alma a pintar?

El despertar me llegó tarde, pero la vocación la he tenido siempre. Ya con 25 años retomé la afición por la pintura pero hasta 10 años después no tomé la decisión de dedicarme en cuerpo y alma a la creación. Estando un día trabajando en una empresa, tuve que ir a media tarde a hacer una gestión, cuando salí hacía un sol inmenso que me deslumbró y entonces caí en la cuenta de que hacía mucho tiempo que no veía el sol, mi puesto de trabajo estaba en un despacho con fluorescentes y no tenía ventana. En ese momento lo vi claro debía intentar trabajar en lo que me gustaba al menos una vez en la vida, que tiempo para volver a ser administrativo siempre hay. Eso fue hace 15 años y hasta la fecha, creo que es la mejor decisión que tomé en mi vida, aunque tengo que reconocer que es duro el camino pero el esfuerzo, la ilusión y el apoyo de algunas personas me ha facilitado la cosa.  



2º Me fascina tu exposición Guardianes de Sueños. Los cuadros narran una historia conjunta, y, a la vez, narran la suya propia: una historia dentro de una historia que cuenta otra historia. Como La Historia Interminable de Michael Ende. Pero Ende decía sobre los personajes secundarios que desaparecían «Esa es otra historia y será contada en otra ocasión» y a mí me gustaría que nos contaras la de ellos. ¿Qué historia cuentan tus guardianes de sueños?

Guardianes de Sueños  habla del despertar de la inocencia, de esa experiencia vital en la que pasamos de la feliz inconsciencia del niño que se persona dentro del juego a través de su juguete favorito con el que corre aventuras y aprende roles de comportamiento que más tarde le servirán para la vida. Después de ese despertar, el niño comienza a ver el mundo y la sociedad  de otra manera cuestionándose el valor de lo conocido y la conveniencia o no de seguir lo que le propone la sociedad frente a lo que le propone su instinto.



3º Llevas mucho tiempo con este proyecto

Este proyecto es el producto de 3 años de trabajo. Al principio la necesidad de contar algo es como un rumor intenso en el alma, es una vibración que distorsiona y que no consigues enfocar, y entonces empiezas a pintar los primeros cuadros pero sin una dirección específica pero sí con la certeza de que, aunque no sean los cuadros definitivos, ya se van acercando a la vibración de lo que quieres contar. Poco a poco, haces una serie de tres o cuatro y entonces te das cuenta que podrías complementar la idea primera con otra línea de obras, y empiezas otra serie. Cuando tienes ambas te das cuenta de que les falta un nexo y entonces aparece el cuadro que da sentido y contenido a toda la exposición. Es como una mina, picas en varias partes hasta que encuentras una veta y cuando aparece, sabes que en medio también hay mineral.
   



4º  Los niños son tu público más querido.

Los niños en esta exposición son la base que mantiene la línea argumental de la exposición ya que ésta discurre a lo largo de 5 fases del sueño de un niño que se queda durmiendo en el suelo junto a sus juguetes, convirtiéndose éstos en la iconografía que sirve para explicar otras ideas.

Al ser los muñecos tan populares permite una mejor identificación de los niños con la exposición, pero lo que cuenta no es fácil de entender en una primera lectura, ya que hace referencia al arquetipo de Persona  que Jung definió y que representa la imagen de nosotros que creamos para enfrentarnos al mundo y con la que nos movemos entre los demás.   

Hay distintos niveles de lectura, el más infantil, que es muy atractivo para los niños ya que los muñecos que pueden ver físicamente son los mismos que están dibujados en los cuadros y en muchos casos los tienen en sus casas, eso produce una sensación agradable que les entusiasma generando un recuerdo amable que en el futuro les hará acercarse con cariño a las salas de exposiciones y museos.

Por otro lado, a los adultos, les trae una sensación de añoranza pues muchos de ellos han jugado con esos juguetes y les harán aflorar recuerdos de su niñez.

Finalmente tiene la lectura del autor, que es la que pone en marcha toda esta exposición, con al que intento contar mi experiencia vital, desde que era niño y me cuestionaba mi posicionamiento en la sociedad, cómo ésta me obligaba a aceptar una jerarquía, de tal forma que si no eres la pieza adecuada te quedas fuera y poco a poco vas descubriendo que existe otra forma ilusionante de mirar el mundo donde hay gente como tú que quiere cambiarlo para mejor.    



5º Cuando hablamos en la exposición, me dijiste que, en cierto modo, la sociedad nos ha sumergido en un ensueño como al niño de Guardianes de Sueños. ¿Cómo salir de él?¿Cómo ser uno mismo?

Está claro que esta sociedad nos premia si hacemos lo que nos dice, de tal forma que el sistema está hecho para dar bonificaciones a los que mejor se comportan: mejores trabajos, mejores casas, mejores coches, mejores familias, etc.; siempre y cuando cumplas dentro de las normas que te dan.

El problema aparece si de pronto descubres que para ser feliz no necesitas ninguna de esas cosas y encuentras la felicidad fuera de las bonificaciones y del dinero, si puedes ser feliz sentado a la vera de un río, charlando con los amigos, o comiendo patatas en lugar de caviar y no sigues las normas de competencia infinita con los demás. Hoy día la sociedad premia el egoísmo frente a la generosidad y la apariencia frente a la sinceridad. A mí no me gusta, ¿y a ti?.

Prefiero andar por una playa oliendo el mar con amigos que vivir una experiencia solitaria dentro de un coche insonorizado que huele a flores del bosque desde donde se ve el mundo tras un cristal.


Guardianes de Sueños intenta mirar desde el otro lado al niño que se oculta tras su juguete favorito y que sigue ahí dentro, dormido.



Entrevista realizada por Gema Bocardo.

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jueves, 23 de julio de 2015

Libro recomendado: "El silbido de la serpiente" de Aída del Pozo.



La Asociación Multicultural 'El Arte Eres Tú' recomienda leer "El silbido de la serpiente" de Aída del Pozo.

La sipnosis del libro deja bien claro que es una gran novela;

Llevo años sintiendo que soy un caparazón vacío. Me levanto cada mañana con la necesidad de hacerme con lo que los demás poseen y de lo que yo carezco: ese halo invisible que dota a las personas de sentimientos y distingue a los seres humanos de las bestias. Hace mucho tiempo que llegué a la conclusión de que no tengo alma. ¿Nací sin ella? Quizás la tuve pero me la robaron cuando mi padrastro se metió en mi cama con el tácito consentimiento de mi madre. Sin embargo, Candy, la mujer con la que convivo, se empeña en convencerme de que la poseo. Insiste en que la mía es un alma atormentada y llena de recovecos oscuros y profundos secretos, pero que está atrapada en este cuerpo que ella venera, clamando para que yo deje de creer que tan solo soy una carcasa. Quiso mostrármela a través del retrato que me hizo hace unas semanas. Entonces creí verla por un instante… Sin embargo, en mis amaneceres aún no existen días de primavera. Más allá de mis cuatro paredes todo me parece una cloaca y la gente me importa poco pues de los zombis que pululan a mi alrededor solo necesito una cosa: sus almas. Y ahora debo salir a cazar. Tengo tanta hambre...



Las opiniones de los lectores verifican que es una novela imprescindible para cualquier lector.

Pueden adquirir el libro en formato digital pinchando aquí, por lo contrario, si quieres adquirirlo en papel, puedes comprarlo a través de la página de editorial FANES, por MD a @damadenovelas o por correo a elsilbidodelaserpiente@outlook.com

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miércoles, 22 de julio de 2015

Resort 5*



 No se lo podía creer.
—Pero si tienes piña natural, mango, aguacates y una deliciosa ensalada de langosta con frutos del mar.
—El truco habitual para engañar a los turistas…
—Mujer, el hombre barbudo de las puertas nos lo dejó bien claro.
—Ya sabes lo que pienso sobre la censura y las restricciones —contestó ella, agitando su melena cobriza.
—Hay ocho restaurantes temáticos y un vegetariano de lujo. Elije uno, el que prefieras, tienes a tu disposición cuanto de comestible hay en la flora y en la fauna… Pero por favor, Eva, otra expulsión no.
—He dicho que me comeré la manzana y punto.



Autor; Pedro P. de Andrés.
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miércoles, 8 de julio de 2015

El viejo ring

Ya no se nos oye hablar. Las únicas risas que quedan son la de algunos niños jugando en la calle. Eso sí, la tele de fondo  suena demasiado alta. Seguramente sea mejor, que algunas discusiones sin sentido, que acompañan casi todas nuestras noches. No recuerdo desde cuando hemos convertido el sofá que nos oía disfrutar como un paraíso en un viejo ring.

Míranos, dos fantasmas intentando no pensar, hundidos en pantallas. Yo la del móvil por si alguien me hace sonreír de nuevo. Tú la caja boba hasta que los párpados se quedan sin fuerzas. Y mañana, el vecino del cuarto, nos dirá que buena pareja hacemos. Y los dos sonreiremos. Mintiendo.


Autor: Defreds.


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lunes, 6 de julio de 2015

Una imagen en Sepia

Releyó por última vez aquellos trazos irregulares de tinta desvaída que había transcrito en las primeras páginas de su cuaderno, ajado por el uso. Hacía ya demasiados años, no recordaba exactamente cuándo. Sus anotaciones, a lo largo de su vida, habían devorado paulatinamente aquel bonito ejemplar, adquirido una lluviosa tarde otoñal en París. La recordaba como si le hubiese pasado hace unos días. Para protegerse del feroz aguacero, se introdujo en el primer establecimiento que encontró a su paso en la búsqueda desesperada de cobijo. Aquella vieja librería mostraba en un pequeño estante una rica variedad de cuadernos y plumas de los que se enamoró al instante. A pesar de que llevaba empapado el traje, se dirigió al dependiente que lo observaba perspicaz tras unas pequeñas gafas de concha. Sacó un arrugado billete del bolsillo e hizo que le preparase un paquete con varios de aquellos cuadernos. Le habían acompañado desde entonces. Volviendo al presente, deslizó suavemente su sarmentoso dedo sobre aquellos caracteres al tiempo que susurraba lentamente uno de los mantras que habían guiado su procelosa existencia. “Para todos los males, hay dos remedios: el tiempo y el silencio.” Paladeó el exánime sonido que sus labios pronunciaron.

El silencio, pauta obligada en su delicado oficio, se había convertido en su fiel aliado. Lejos de aquellos remordimientos de juventud, que le impelían a contarle a cualquier colega los desmanes que hubo de cometer para sobrevivir, hacía mucho tiempo que se había reconciliado con la prudencia. Por otra parte, el tiempo había terminado por soterrar muchas de las cicatrices de su espíritu, incluso aquéllas que estuvieron a punto de hacerle cometer alguna tropelía. Dumas tenía razón cuando escribió esa frase y, sin saberlo, había sido su secreto confidente y leal compañero de viaje.

Cerró el cuaderno y se deleitó contemplando la fotografía una vez más, posiblemente la última. Aquel recuerdo, inmortalizado en la imagen sepia que le había acompañado, muda y cómplice, durante las últimas décadas, sería lo último que sus gastadas pupilas contemplarían. Era su homenaje postrero a un tiempo que prefiguraba todo lo que había llegado a ser en su vida. No representaba un final rastrero para lo que había sido su azarosa biografía. Algunos colegas suyos no habían disfrutado de una despedida tan apacible y discreta. Por tanto, a fin de cuentas, se podía considerar un hombre afortunado.

Aspiró con delectación el áspero aroma que emanaba de la taza humeante que cobijaba entre sus manos. Para conseguir el resultado esperado había tenido que vaciar completamente la botella de elixir que guardaba celosamente en su armario en previsión de que su uso fuese necesario algún día. Ahora lo era. Las infusiones, desde su temprana juventud, fueron su perdición. Paradógicamente, esta última sería su salvación. Todo menos aguantar la molesta e indecorosa agonía que le aguardaba sin remisión alguna. Las olía y saboreaba con esmero y cariño. No había viaje del que volviese con las manos vacías. Siempre había un hueco en su pequeña bolsa para un paquete que contenía la más rara de las hierbas del lugar; algunas fragantes y con propiedades balsámicas, otras con sabores imposibles e inexplicables.



Amante de la escenografía hasta el final, se recostó plácidamente sobre la deslucida alfombra oriental que presidía su pequeño salón, recuerdo de uno de sus primeros viajes al continente asiático. Lenta y ceremoniosamente, se acercó la taza a sus labios y sorbió sin premura el tibio elixir aromatizado que le permitiría alcanzar la liberación. La imagen de la foto le devolvió una mirada cómplice mientras que, mansa y apaciblemente, se fue quedando dormido.



Autor: William Bakerville


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sábado, 4 de julio de 2015

El pueblo que sabía demasiado.

Cuando se tomaba una copita de anís del Mono doña Águeda veía el futuro con una clarividencia milagrosa. Lo que era de mucha utilidad para sus vecinos. Se presentaban en su casa con una botellita y salían sabiendo el porvenir. Cualquiera que consultaba sus cartas podía, con tranquilidad, despedirse de su padre años antes de que muriera, adular a conciencia al familiar que le dejaría su herencia en un futuro, superar sin excesivos traumas un garantizado divorcio o preparar con anhelo una infidelidad venidera. Aunque también hubo destinos  equívocos y equivocados. El de Marcelo, que se colgó de un balcón desesperado por los desaires de Adela, empecinada en el vaticinio de que nunca se vestiría de novia. O el de Tobías, que tuvo que matar al alcalde —de forma bastante sangrienta—a pesar de que nunca sintió ninguna animadversión por él. Es más, todo lo contrario.


Autora: Mar Horno.


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jueves, 2 de julio de 2015

Una segunda oportunidad

Ana contempla su imagen y sonríe frente al espejo. Acaricia con la mano sus arrugas pero no las cuenta, pues le parece absurdo preocuparse por algo que no tiene remedio. Sin sus gafas, su imagen no es nítida y eso es una ventaja. Ana es una mujer pizpireta y coqueta, pero la atractiva madurez serena que ha adquirido su rostro con el paso de los años y la inevitable presbicia, han hecho que se sienta bien consigo misma.
Hubo una época en que le preocupaban mucho sus arrugas y al segundo se arrepentía por haberse observado con tanto detenimiento y abandonaba el cuarto de baño con una mueca de disgusto que la acompañaba durante un buen rato. Dejó de preocuparse en contarlas cuando decidió acabar con la vida que llevaba. De eso hacía más de diez años. Aquel día se despertó antes de que la alarma del reloj anunciara el comienzo de la jornada y no halló a su marido en la cama. Le pareció que hablaba en el baño y acercó la oreja a la puerta. Charlaba con alguien, susurrando. "¿Tan temprano?", se dijo. "¿Quién se levanta a las cinco de la mañana para llamar por teléfono?" Ese día su esposo viajaba a Barcelona. Solía hacerlo a menudo por su trabajo aunque últimamente lo hacía mucho más. Oyó que él se despedía con un "estoy deseando verte, cariño", y la sangre se le heló en las venas. Se fue de puntillas a la cama para que él no la descubriera espiando. Se hizo la dormida y al cabo de muy poco sonó el despertador.
De regreso del viaje preguntó a su marido y él le confirmó que mantenía una relación con otra mujer. Se llamaba Miriam y era una compañera de trabajo. Tenía la frescura que dan los treinta y la complicidad de decenas de horas compartidas en la oficina. "Era inevitable que esto sucediera cuando el amor de los primeros años se ha agotado con la llegada del otoño. ¿Qué pueden hacer el hastío y la rutina contra la primavera?", pensó, justificando así lo sucedido.
Se quedó con la casa y con el utilitario y su ex marido se llevó la colección de música, las películas, un par de cuadros y poco más. Pero lo más importante es que se también se llevó sus ganas de volver a amar. "¿Cómo volver a confiar, cómo?"
Con cuarenta y dos años, tuvo de ver nacer al primer hijo de su ex marido (ellos no habían podido tener descendencia), lo que la sumió en una profunda tristeza. Se sentía vacía. Con una vida aburrida, poco tenía que esperar de lo que le quedaba por caminar. Perdida la esperanza, aquella consistía en trabajar, quedar de tarde en tarde con los pocos amigos que conservaba de su vida de casada y con algunos que se habían incorporado a la nueva, leer o escribir. No era dada a ir sola a los sitios pues estaba acostumbrada a salir acompañada. Un museo, el cine, o un simple paseo se le tornaba un reto complicado de superar.
Tres años después, Alicia, una compañera de trabajo, le anunció que entraba en el club de los divorciados. Se lo confesó serena y relajada pues, en su caso, fue decisión propia y esas, sin duda, eran más llevaderas que las decisiones en las que no se participa. Desde ese momento, la vida de Ana cambió radicalmente, al introducirla Alicia en su círculo de amigos singles. "Qué palabreja tan ridícula", se dijo entonces.
Entre los amigos de su compañera se hallaba un hombre de unos cincuenta, con buena presencia y mirada limpia, que le llamó especialmente la atención por su cordialidad y simpatía. Se llamaba Manuel y congeniaron enseguida. Un par de semanas más tarde, quedaron para tomar un café fuera de las salidas habituales del grupo. Tras varios cafés más y un par de comidas, finalmente la invito a ir a su casa. De eso hacía ya más de diez años.
Manuel aparece en el cuarto de baño y mira a Ana con una sonrisa en los labios. Ella sigue mirando su rostro y sonriendo, sin apercibirse de su presencia. Manuel la coge por la cintura y Ana da un respingo, se vuelve y le acaricia el rostro, dándole un suave beso en los labios.
- Deja de mirarte tanto, mujer, sigues siendo preciosa.
- ¡Si ya no puedo casi verme sin gafas, Manu!
- Querida, el tiempo pasa pero tú estás igual de atractiva.
- Es que me ves con buenos ojos.
- ¿Con qué ojos se mira  a quien se ama sino con los del corazón?
- Sigues siendo un poeta.
- Y tú una mujer hermosa. No lo digo yo, lo veo en las miradas de los hombres.
- ¿Celosillo?
- En absoluto. Me encanta que te miren. Ellos miran, yo acaricio...
- Eres maravilloso, Manu.
Manuel la atrae hacia él, acaricia su pelo y muerde suavemente sus labios. En efecto, la sigue viendo como el primer día: una mujer maravillosa. El tiempo pasa pero para ellos parece que se ha detenido.
- Lo sé, mi amor. Por cierto, recuerda que Clara y Edu vienen a cenar esta noche.
- No lo he olvidado, cariño. He preparado mi ensalada especial "Ana".
- Conviertes una simple ensalada en una delicatessen. No sé cómo lo consigues. A los chicos les encanta.
- Con piñones y jamón ibérico, ¿cómo no conseguirlo?
- Intuyo que van a contarnos algo importante. Clara estaba muy habladora. Cuando no para de hablar es que está nerviosa pero ilusionada. Me atrevería a decir que estaba loca de contenta cuando llamó para preguntarnos que si nos venía bien que vinieran a cenar a casa hoy.
- ¿Un nieto?
- ¿Qué si no?
- Un nieto, Manu.
- Nuestro nieto, Ana.
- Tu nieto.
- Nuestro nieto, mi amor. A mi hija te la ganaste y a mi yerno, también.
- La quiero, nos queremos las dos y cómo no ganarme a Eduardo si tu hija es tan inteligente y buena persona como su padre y supo elegir bien? Edu es un hombre extraordinario.
- Eligieron bien los dos, ¿no?
- Elegimos bien los cuatro.
- Ana, ¿crees que nos dará tiempo para sentarnos un ratito en el sofá y ver una peli antes de que vengan?
- Está todo listo, cariño. Sólo queda poner la mesa, que prepares tu crema especial para las tartaletas y poco más.
- ¿Y me mimarás?
- ¿Y cuándo he dejado de hacerlo desde que nos conocemos, Manu?
- ¿Y yo? ¿He respondido siempre a tus expectativas, cariño?
- Como los arco iris, mi amor, que brillan e iluminan. Los arco iris siempre cumplen con mis expectativas y me hacen sonreír cuando los contemplo. Son pura magia.
- ¿Vemos nuestra peli favorita, Ana?
- Claro, cariño, búscala y dale al play mientras voy a por patatas y un vinito.  Nos quedan dos horas de sofá y mantita.
- Te quiero, nena.

- Idem.


Autora: Aída del Pozo.

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